El Camino Hacia el Destino
I. EL REQUISITO DIVINO
En Ethelgard, gobernada por la férrea mano de la Cancillería y el Ministerio del Diezmo, no existe libertad para operar como grupo armado.
Cualquier comitiva de aventureros debe poseer la Patente de Consagración para el Ejercicio de Aventureros. Es un pergamino de vitela sellado con lacre negro y bendecido por los Árbitros Sagrados del Ministerio. Sin él, la Orden del Velo no hace preguntas. Solo ejecuta.
El costo es prohibitivo: cincuenta piezas de oro. El tiempo de procesamiento: tres semanas de trámites burocráticos. Normalmente un miembro de la Cancillería debe ser parte del grupo, aunque en realidad no ejercen sólo "administran" o "vigilan".
Pero hay algo más.
No basta con pagar la tasa. Toda comitiva nueva debe superar una prueba de admisión ante el Gremio de Aventureros oficial de Ethelgard. Los criterios son rigurosos: resolución de conflictos sin violencia innecesaria, capacidad de liderazgo, manejo de amenazas diversas, protección de civiles bajo presión. En ocasiones algunos otros requisitos; pero siempre el mínimo para aprobación es 70% en cualesquiera que sean los criterios.
Una misiva llega a través de un mensajero oficial del Ministerio mientras aún están reunidos en sus aposentos:
ENCARGO OFICIAL DEL MINISTERIO DE CARIDADES
A quienes corresponda:
Se requiere escolta devocional para una comitiva de dieciocho feligreses que regresan a sus hogares en el Santuario del Roble. Viaje de siete días hacia el noreste. Ruta a través del Bosque.
Esta asignación servirá como evaluación oficial de admisión al Gremio de Aventureros. Dos evaluadores viajarán de incógnito. Aprobación requiere 70% mínimo en todos los criterios.
Recompensa: 50 piezas de oro al completarse la misión.
Firmado: Los Árbitros Sagrados del Ministerio
Thalion lee el pergamino. Luego lo lee nuevamente. Sus ojos grises no parpadean. Hay algo en este documento. Un tecnicismo, tal vez, no esta del todo seguro. No lo dice en voz alta. Solo guarda el documento y asiente levemente. Necesita investigar a fondo.
II. LOS RITUALES DEL ALBA
La cita para el pago de la licencia y el registro de su asignación la tienen el 25 de Cenit. Son solo un par de días para prepararse.
Durante la mañana del día en cuestión, cada miembro del grupo realiza rutinas propias:
Kalima enciende una vela de cera oscura en su habitación, sus dedos trazando símbolos mientras recita letanías en voz baja. La balanza de plata en su cuello brilla débilmente bajo la luz. Thalion, en su morada solitaria, cierra su diario con un suspiro pesado. Confiado, repasa en su mente lo que dirá y sonríe.
Mucho antes de que el sol despunte, Dal regresa del bosque con su lobo. Sus pies descalzos húmedos de rocío. El bosque la ha recibido como siempre: en silencio, en complicidad. Nero se arrodilla en la penumbra, ejecutando la Precaución del Invocador: un ritual que fortalece el vínculo mágico entre él y su Eidolon, creando una red protectora. Cuando termina, siente la presencia de su guardián como una sombra cálida en el fondo de su mente.
Los gemelos ya se encuentran en el Registro Civil, como siempre elegantes, fuera de lugar, imponentes. Esperan.
III. EL TECNICISMO DESCUBIERTO
Las pesadas puertas de hierro de la oficina del Registro Civil chirrían cuando el grupo entra.
Kalima presenta la misiva del Ministerio de Caridades.
El burócrata examina el documento:
—Cincuenta piezas de oro. Tres semanas de procesamiento.
Es entonces cuando Thalion avanza. Paso un día entero leyendo documentos legales y buscando en pergaminos de oficio. Lo encontró:
—Según el artículo cuarto de la Enmienda de Tránsito Provincial —dice Thalion, señalando el párrafo preciso—, las comitivas de escolta de carácter devocional del arancel de registro de armas pesadas. Además, dado que partimos mañana en nuestra asignación oficial del Ministerio, necesitamos que la Patente sea expedida lo más pronto posible.
El burócrata parpadea. Revisa los documentos con creciente irritación. Refunfuña algo inaudible sobre "sabelotodos" .
Pero el tecnicismo es innegable. El encargo del Ministerio es oficial. La Cancillería no puede negarles un procesamiento expedito.
Con un sonoro golpe de su mazo de latón, estampa el lacre negro.
—Treinta piezas de oro. Una semana.
Nero y Kalima pagan. Veinte monedas ahorradas.
Lo que ni el grupo ni el burócrata saben es que, en los próximos meses, la Cancillería modificará ese párrafo del artículo cuarto. Thalion habrá dejado su marca en el sistema, será la última vez que ese tecnicismo funcione.
IV. LA COMITIVA DE FELIGRESES
La caravana está lista al tiempo requerido del alba del día 26 de Cenit. El frío amanecer recibe tanto a los del grupo como a los feligreses.
La comitiva es más compleja de lo que esperaban.
Dieciocho feligreses: aldeanos, algunos ancianos devotos, familias con niños pequeños. Además hay carreteros contratados para manejar las bestias de carga, un sacerdote menor del Ministerio que acompaña a los feligreses, y un escriba que documenta el viaje por orden de la Cancillería. En total, casi veinticuatro personas.
Cuatro carretas tiradas por bueyes viejos que se ven exhaustos, cargadas no solo con suministros, sino con las pertenencias de las familias: cofres, herramientas, semillas para la próxima cosecha. El peso es considerable. El viaje será lento, de máximo diez millas diarias. Seis días es la estimación optimista.
El clima invernal hace que cada paso sea peligroso. El camino está helado en secciones. Las noches son frías y despiadadas.
Una mujer mayor pregunta:
—¿Son ustedes los que nos escoltarán?
Kalima avanza:
—Lo somos. Llegaremos a salvo al Santuario del Roble. No se preocupen.
Mientras habla, pone una mano sobre la balanza de plata que cuelga de su cuello, un gesto que parece tanto de protección como de promesa.
Un niño pequeño, visiblemente confundido, señala:
—¡Pero no traen armas!
Nero y Dal responden al unísono,cada uno por su cuenta:
—No necesito.


