Capitulo 5: La prueba

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El Camino Hacia el Destino


I. EL REQUISITO DIVINO

En Ethelgard, gobernada por la férrea mano de la Cancillería y el Ministerio del Diezmo, no existe libertad para operar como grupo armado.

Cualquier comitiva de aventureros debe poseer la Patente de Consagración para el Ejercicio de Aventureros. Es un pergamino de vitela sellado con lacre negro y bendecido por los Árbitros Sagrados del Ministerio. Sin él, la Orden del Velo no hace preguntas. Solo ejecuta.

El costo es prohibitivo: cincuenta piezas de oro. El tiempo de procesamiento: tres semanas de trámites burocráticos. Normalmente un miembro de la Cancillería debe ser parte del grupo, aunque en realidad no ejercen sólo "administran" o "vigilan".

Pero hay algo más.

No basta con pagar la tasa. Toda comitiva nueva debe superar una prueba de admisión ante el Gremio de Aventureros oficial de Ethelgard. Los criterios son rigurosos: resolución de conflictos sin violencia innecesaria, capacidad de liderazgo, manejo de amenazas diversas, protección de civiles bajo presión. En ocasiones algunos otros requisitos; pero siempre el mínimo para aprobación es 70% en cualesquiera que sean los criterios.

Una misiva llega a través de un mensajero oficial del Ministerio mientras aún están reunidos en sus aposentos:

ENCARGO OFICIAL DEL MINISTERIO DE CARIDADES

A quienes corresponda:

Se requiere escolta devocional para una comitiva de dieciocho feligreses que regresan a sus hogares en el Santuario del Roble. Viaje de siete días hacia el noreste. Ruta a través del Bosque.

Esta asignación servirá como evaluación oficial de admisión al Gremio de Aventureros. Dos evaluadores viajarán de incógnito. Aprobación requiere 70% mínimo en todos los criterios.

Recompensa: 50 piezas de oro al completarse la misión.

Firmado: Los Árbitros Sagrados del Ministerio

Thalion lee el pergamino. Luego lo lee nuevamente. Sus ojos grises no parpadean. Hay algo en este documento. Un tecnicismo, tal vez, no esta del todo seguro. No lo dice en voz alta. Solo guarda el documento y asiente levemente. Necesita investigar a fondo.


II. LOS RITUALES DEL ALBA

La cita para el pago de la licencia y el registro de su asignación la tienen el 25 de Cenit. Son solo un par de días para prepararse.

Durante la mañana del día en cuestión, cada miembro del grupo realiza rutinas propias:

Kalima enciende una vela de cera oscura en su habitación, sus dedos trazando símbolos mientras recita letanías en voz baja. La balanza de plata en su cuello brilla débilmente bajo la luz. Thalion, en su morada solitaria, cierra su diario con un suspiro pesado. Confiado, repasa en su mente lo que dirá y sonríe.

Mucho antes de que el sol despunte, Dal regresa del bosque con su lobo. Sus pies descalzos húmedos de rocío. El bosque la ha recibido como siempre: en silencio, en complicidad. Nero se arrodilla en la penumbra, ejecutando la Precaución del Invocador: un ritual que fortalece el vínculo mágico entre él y su Eidolon, creando una red protectora. Cuando termina, siente la presencia de su guardián como una sombra cálida en el fondo de su mente.

Los gemelos ya se encuentran en el Registro Civil, como siempre elegantes, fuera de lugar, imponentes. Esperan.


III. EL TECNICISMO DESCUBIERTO

Las pesadas puertas de hierro de la oficina del Registro Civil chirrían cuando el grupo entra.

Kalima presenta la misiva del Ministerio de Caridades.

El burócrata examina el documento:

—Cincuenta piezas de oro. Tres semanas de procesamiento.

Es entonces cuando Thalion avanza. Paso un día entero leyendo documentos legales y buscando en pergaminos de oficio. Lo encontró:

—Según el artículo cuarto de la Enmienda de Tránsito Provincial —dice Thalion, señalando el párrafo preciso—, las comitivas de escolta de carácter devocional del arancel de registro de armas pesadas. Además, dado que partimos mañana en nuestra asignación oficial del Ministerio, necesitamos que la Patente sea expedida lo más pronto posible.

El burócrata parpadea. Revisa los documentos con creciente irritación. Refunfuña algo inaudible sobre "sabelotodos" .

Pero el tecnicismo es innegable. El encargo del Ministerio es oficial. La Cancillería no puede negarles un procesamiento expedito.

Con un sonoro golpe de su mazo de latón, estampa el lacre negro.

—Treinta piezas de oro. Una semana.

Nero y Kalima pagan. Veinte monedas ahorradas.

Lo que ni el grupo ni el burócrata saben es que, en los próximos meses, la Cancillería modificará ese párrafo del artículo cuarto. Thalion habrá dejado su marca en el sistema, será la última vez que ese tecnicismo funcione.


IV. LA COMITIVA DE FELIGRESES

La caravana está lista al tiempo requerido del alba del día 26 de Cenit. El frío amanecer recibe tanto a los del grupo como a los feligreses.

La comitiva es más compleja de lo que esperaban.

Dieciocho feligreses: aldeanos, algunos ancianos devotos, familias con niños pequeños. Además hay carreteros contratados para manejar las bestias de carga, un sacerdote menor del Ministerio que acompaña a los feligreses, y un escriba que documenta el viaje por orden de la Cancillería. En total, casi veinticuatro personas.

Cuatro carretas tiradas por bueyes viejos que se ven exhaustos, cargadas no solo con suministros, sino con las pertenencias de las familias: cofres, herramientas, semillas para la próxima cosecha. El peso es considerable. El viaje será lento, de máximo diez millas diarias. Seis días es la estimación optimista.

El clima invernal hace que cada paso sea peligroso. El camino está helado en secciones. Las noches son frías y despiadadas.

Una mujer mayor pregunta:

—¿Son ustedes los que nos escoltarán?

Kalima avanza:

—Lo somos. Llegaremos a salvo al Santuario del Roble. No se preocupen.

Mientras habla, pone una mano sobre la balanza de plata que cuelga de su cuello, un gesto que parece tanto de protección como de promesa.

Un niño pequeño, visiblemente confundido, señala:

—¡Pero no traen armas!

Nero y Dal responden al unísono,cada uno por su cuenta:

—No necesito.

 

El Diario del Investigador


V.La tercer noche.

29 de Cenit, 1024 (Destino, día 9 de la semana)

Anoche hice algo que no creí posible. Tomé el mando de un grupo al cual no tenía ni idea fuera a pertenecer, la verdad no sé aún si pertenezco. 

Era la tercera noche de travesía. Después de detenernos al lado del camino, durante la cena, un hombre se pone de pie de un salto.

Corin. Un monje viajero de mediana edad. Su rostro rojo de ira.

—¡Ladrón! ¡Este desgraciado me ha robado mi cáliz de plata mientras dormía!

Señala a Toby, un joven aldeano de dieciséis años.

—¡Exijo que lo azoten aquí mismo! ¡O es que estos aventureros de pacotilla van a permitir que nos robemos entre nosotros bajo su guardia!

Toby está confundido. Jura que no ha tocado nada. Los aldeanos se gritan unos a otros. El carretero busca un garrote. La tensión crece peligrosamente.

—¡Nos han traído con criminales! —grita Martha, una de las "aldeanas".

El caos crece entre el campamento como un fuego en hierba seca.


Sabiamos de antemano que entre los viajeros hay al menos dos evaluadores del Gremio. La tensión sube tan rápido que no puedo distinguir si todos son parte de la evaluación o si el asunto es real. Pero si los aldeanos no saben o si esto es genuino, se nos puede escapar de las manos. No veo reaccionar a Kalima ni a nadie más. Así que, de alguna manera, tomo las riendas.


Primero me dirijo a Dal. Es a quien tengo más cerca, además sé que tiene excelente percepción:

—Dal, observa a la multitud. Si ves algo sospechoso, avísame.

Nero está patrullando. Me dirijo a Stratus a continuación:

—Stratus —aunque quiero decirle "S", solo se lo permite a su hermano—, alcanza a Nero. Dile que no se preocupe en regresar. Nosotros nos encargamos. Ustedes dos asegúrense mejor de que el alboroto no atraiga atención no deseada.

—Kalima, Cirrus, necesito que usted resuelva esto socialmente. Yo intentaré averiguar qué está sucediendo.

Pero antes de que pueda investigar algo, Kalima toca su símbolo religioso y comienza un conjuro. Dibuja con las manos algo similar a lo que sería un cáliz.

Se gira hacia mí:

—Utilicé el hechizo Detectar Metal —dice con naturalidad—. En mi mente puedo mapear los metales. Voy eligiendo los que no me sirven: armas, clavos, juntas metálicas. Puedo concentrarme en la plata y en la forma del objeto.

Su voz es tranquila, como si descubrir un robo fuera lo más normal del mundo.

—Lo tiene el monje en un bolsillo interior de su túnica.

Dal, que ya estaba junto a nosotros. Señala sin prudencia alguna hacia Martha con el dedo:

—El monje y la aldeana de allá nos han estado escudriñando todo el tiempo. 

Comprendo de inmediato. Esta es una prueba.

Voy con Cirrus le comunico todo en susurros rápidos.


Él avanza hacia el centro, cerca de la hoguera. Su presencia es diferente ahora: no es compasión, sino autoridad suave. Su voz corta el aire frío:

—Feligreses, les debemos una sincera disculpa por la perturbación de esta noche.

Todos lo miran. El caos comienza a calmarse ante su presencia.

—Somos un grupo nuevo en busca de legalizarnos ante el Gremio de Aventureros. Ustedes no son solo nuestra primer asignación, sino que estamos siendo evaluados en este mismo momento. Nuestros evaluadores —señalando al Hermano Corin y a la aldeana, Martha— viajan con nosotros para medir nuestras capacidadades, como respondemos ante crisis.

Los rostros muestran comprensión y alivio. El miedo se transforma en algo más manejable.

—No tienen por qué asustarse. Tenemos habilidad y experiencia. Lo que presenciaron es parte de la prueba que enfrentamos. Hermano, disculpa, no sé tu nombre. Pero sé que jamás perdiste el cáliz, lo tienes guardado bajo la túnica. 

Se gira hacia toda la comitiva:

—De favor, disfruten la velada y la cena. Nuevamente, mis más sinceras disculpas por el susto.

El Hermano Corin se queda congelado. Mira a Cirrus. Luego se voltea a verme a mí. Finalmente, suspira profundamente y mete la mano en su túnica, extrayendo el reluciente cáliz de plata.

La tensión social se evapora por completo.


Más tarde, Corin se acerca a nosotros. Su expresión ha cambiado completamente. Ya no hay teatro. Solo un profesional evaluando a otros profesionales.

—Han superado el pilar de Resolución de Conflictos sin Violencia con una calificación perfecta —dice con un asomo de respeto genuino—. No es un logro menor para un grupo novato.


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